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Una tregua imprescindible aplicándonos en el concepto "antiox"

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Los nutricionistas defienden, cómo no, el papel de la fruta de temporada que irrumpe con fuerza en los régimenes o tipologías de nutrición en la que mandan batidos de picotas, kiwi, piña, naranja, ciruelas, manzana, sandía, melón,...

Carencias que afloran con motivo del tipo de vida ajetreada actual se combaten hoy con una serie de productos toma de las fuentes del deporte y los denominados “lifestyle”. Esos estilos –y sus defensores- van profundizando en otros géneros que complementen una nutrición en la que la grasa y otros “aderezos” están prohibidos.

¿Por qué no las pitayas o los higos tunos? ¿Incluso un aloe comestible que se mezcla con el yogur, confituras, jaleas basadas en recetas de las abuelas canarias?bLos beneficios que nos pueda reportar elaboraciones aligeradas en esos modelos “antiox”, ecológicos, vegetarianos o veganos se pueden obtener también en una convicción respetuosa a la hora de “configurar” el producto local.

Esta cocina nos lleva necesariamente a revisar unas modas que a veces tal como vinieron se marchan, pero esta vez han venido para quedarse. Hasta los mismos intérpretes de alta cocina se han comprometido en incorporar en sus degustaciones referencias saludables.

Precisamente de esos orígenes basados en determinadas pautas de vida “tranquila” y que combate el sedentarismo (el gusto por la caminata o el gimnasio) hace que el consumidor pueda contar con líneas muy definidas y cada vez más consolidadas como las denominadas antiox.

Por ejemplo, gambas de La Santa con la cocción justa con sandía y una vinagreta ligera o una ostra con vinagres de lichi o el carabinero en un caldoso de tapioca; zumo de apio, o de pepino y manzana verde… con ensalada de anguila (de nuevo la sandía) o el aguacate y jugo helado de mandarina.

En definitiva, no se trata de que el “antioxidante” sea aburrido, insípido, no. Es encontrar opciones que cumplan parecidos requisitos nutricionales pero que tengan ribetes de sabor y de potencia gustativa.

Germán Blanco me había servido unos espárragos al dente –producto de cercanía-, en tempura, con pinceladas de mojo rojo. ¿Puede esto estar más sujeto a los cánones saludables, en muchos casos ya basados en entrenadores personales, gimnasios, spa y toda la gama especializada?.

El modelo de dieta saludable es, en realidad, aquel que incluye todos los alimentos (dieta variada), haciendo hincapié en la ingesta de aquellos de origen vegetal (frutas, verduras, hortalizas, cereales y legumbres) y el consumo de pescado (blanco y azul). Porqué no una línea fresca y de visos orientales recurriendo a las algas (fuente importante de carbohidratos y fibras digestivas, tanto solubles como insolubles) en la que persista la confianza nutricional y antioxidantes de elementos prodigiosos como el alga espirulina.

Rodrigo de la Calle, archiconocido por su “Gastrobotánica”, explicaba hace algún tiempo sus línea de bebidas de confección propia. “Es una de las vertientes de la que me siento más orgulloso y satisfecho; nosotros, a conciencia, hemos prescindido de la clásica bodega y sugerimos a los comensales preparaciones e infusiones derivadas de cuidadosos procesos con alcoholes, hongos, bacterias… Por ejemplo, nuestro hidromiel es una de las sensaciones para los comensales que nos visitan”.

Quizá la “percepción antiox” tenga que ver mucho esos cromatismos intensos que presagian propiedades en el rojo del licopeno o el verde de la clorofila. Dejémonos llevar también por esa intuición.

FLOW

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