TUVIGÚ

De Canarias al mundo: magarza, una flor de las que sabe

Banner-Campaña-1300x200

El otoño avanza acompañado de algunas lluvias esporádicas que hacen florecer nuestra naturaleza más salvaje. Admiramos su belleza y nos dejamos inspirar para acercarnos a una especie oriunda de las Islas Canarias, la magarza o margaritón de naturaleza silvestre, medicinal y por tanto comestible. Curiosamente fue declarada flor nacional de Dinamarca en los años 80 del pasado siglo, en honor a la popular Reina Margarita II.

La especie originaria de las islas,  Argyranthemum teneriffae está actualmente reconocida como Especie Vulnerable por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales) que desaconseja la recolección silvestre de la planta. La realidad actual es que de esta primera especie han derivado otras como el Argyranthemum frutescens que se cultiva por todo el planeta como planta ornamental. El inconveniente a nivel botánico de esta variedad es la puesta en riesgo a la especie originaria dado el alto poder de hibridación. En la actualidad, ambas especies coexisten en las islas de las que nos servimos por su uso ornamental podemos servirnos también a nivel culinario.

Aclarado el necesario aspecto botánico de la planta, nos centramos ya en las características culinarias de la planta. Recordar que pertenece a la familia asteraceae como las margaritas, crisantemos, los girasoles o la flor eléctrica de las cuales ya hemos tratado en esta sección.

Sus pétalos, normalmente blancos aunque también se encuentran flores moradas o rosadas son de sabor neutro con un ligero matiz amargo. El sabor más intenso se contiene en la parte amarilla o centro de la flor. En el centro de la flor, nos encontramos con un golpe de acidez con un fuerte amargor en boca y que resta durante un largo tiempo. Cuando consumimos una de estas flores o un botón floral (justo antes de abrirse la flor) la lengua vibra entre el ácido y el amargo que puede llegar a un punto analgésico. Esta misma intensidad se encuentra en las hojas que nos pueden recordar ese mismo sabor electrizante de la flor eléctrica.

Las aplicaciones culinarias son múltiples, siempre que se mida la cantidad de flor a utilizar. Los botones florales puede ser cocinados en tempura, encurtidos o añadidos en sopas o guisos para sorprender con su punto de realce del sabor. Como se proponía ya en el caso del shunguiku, los botones florales los podemos escaldar durante 1 a 2 minutos en agua hirviendo para liberarnos del amargor de las flores y que luego podemos combinar con quesos, pescados como el salmón o tartares. La acidez de las hojas puede equilibrar y sorprender paladares junto, por ejemplo, pescados grasos como el atún.

Si pensamos en bebidas, su sabor nos puede ser muy útil en la elaboración de nuestro propio vermut casero, así como acompañando bebidas como la ginebra, vozca o por ejemplo un pisco souer.

La infusión de sus hojas y flores tiene propiedades estomacales y antiasmáticas, empleándose también para regular los trastornos menstruales. Así mismo, también se le reconocen propiedades calmantes ya que antiguamente, se tomaba para aliviar el dolor de muelas.

Apasionados por las flores y más si son endémicas de la isla, reconociendo su valor y sumando posibilidades culinarias. Una semana más ¿flores para qué os quiero? Y es que ¿cómo no os voy a querer?.

TAMBIÉN EN HULEYMANTEL.COM

No existen comentarios

Publicar un comentario