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A demostrar la capacidad de adaptación (Desde mi ventana)

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Como todos los ciudadanos, paso los días en casa llenando las horas con los últimos informes de los clientes, leyendo, actualizándome, compartiendo ratos con la familia. Esos con los que convivimos pero que a veces no los vemos lo necesario. Desde mi ventana veo cientos de ventanas en otros edificios y pienso que detrás de ellas hay alguien terminando entregas, otros replanificando su futuro, pensando en cómo seguir adelante o, sencillamente, esperando que pase este mal trago y todo vuelva a la normalidad.

Sé que la vuelta también va a ser dolorosa. No todo el mundo podrá el día F del fin de la pandemia, ni todo el mundo lo sentirá como una liberación…puede que en su primer paso que se encuentre con el vacío a sus pies. Su trabajo a lo mejor ha desaparecido…quizá su puesto no será el mismo debido a la maltrecha situación de la empresa; quizá sus clientes ya no estén o necesiten un tiempo para desagobiar los pagos acumulados, los impuestos, recuperarse.

La vida ha cambiado y necesitamos adaptarnos. Decimos que somos la especie más evolucionada de la tierra y debemos demostrar esa capacidad de adaptación, de sacar fuerzas donde solo vemos negrura, volver a construir y aprender. Esa relación también cambiará, no sé hacia donde: hacia una sociedad más desconfiada del prójimo o más solidaria.

Habrá personas que necesiten más apoyo y otros a los que estos momentos no les afecte más que en lo personal o en lo social, no en lo económico. Éstos deberán ser esa punta de lanza que ponga en marcha el motor para que el resto engrase sus engranajes y tomemos fuerza de nuevo.

Quería hacer esta reflexión más en el sentido personal, pero uno no puede abstraerse de su entorno. Hay héroes que luchan en los centros sanitarios contra la enfermedad, los efectivos que guardan y hacen cumplir las obligaciones de todos, los que garantizan que podamos seguir alimentándonos, los que nos facilitan la dispensación de medicamentos y productos sanitarios, y tantos otros.

Pero hay otros héroes, invisibles, resguardados en sus domicilios ayudando a que esto pase lo más rápido posible y evitando que el desenlace sea fatal para muchos. Héroes que han tenido que dejar sus negocios, su vida, sus trabajos…con la incertidumbre del después; con el único beneficio de colaborar con la sociedad en su conjunto. Héroes desde sus casas, haciendo un esfuerzo por mantener la normalidad delante de sus hijos, protegiendo a sus mayores. Héroes silenciosos que luego tendrán que poner de nuevo en marcha sus vidas y las de otros volviendo a levantar las persianas.

Estos héroes invisibles no salen en los telediarios, ni recibirán homenajes. No los necesitan, porque lo que necesitan es recuperar sus vidas y la de los suyos. Volver a empezar o a continuar. Ellos, todos nosotros, seremos los protagonistas a partir del “día F” del final de la pandemia.

Pablo J Varona Cabrera
Veterinario y consultor de Seguridad e Higiene Alimentaria, Gisalvet. 

Foto de portada: AtlánticoHoy

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