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Una sopa fría de hinojo y menta fresca, de lo más oportuna

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No se terminan las ganas de disfrutar de nuestros campos y ver el floreciente comienzo de verano que se muestra en todo su esplendor. Una de las flores muy presente en los bordes de caminos y cualquier campo de nuestra isla es el hinojo silvestre (foeniculum vulgare).

Planta de gran porte, que puede llegar a los dos metros de altura, cuyas raíces, tallos, hojas y flores son comestibles. Dada su persistencia, es considerada como “mala hierba”, de la que esperemos hoy despertar otro mirar y agradezcamos las múltiples posibilidades que generosamente la planta nos ofrece.

Si bien las variedades cultivadas como el hinojo florentino cuentan con bulbos engrosados y bien desarrollados. En las variedades silvestres, sus bulbos pasan casi inadvertidos. En contraposición, una vez que la planta entra en floración, sus flores en forma del característico paraguas de la misma familia, resalta no solo por su tamaño sino por el color, cantidad, su anisado aroma y su sabor.

Aplicaciones culinarias. El hinojo es parte del más que potente trío de sabores junto a la menta y la albahaca. Los bulbos o tallos más tiernos son deliciosos en ensalada. Pero también cocinados en sopas, arroces, pescados y especialmente combinados con sardinas. Dicho plato parte de una receta de pasta del sur de Italia que inevitablemente el que la pruebe volverá a repetir.

Indagando por las redes, encontré referencias a los potajes de antaño, del potajito de hinojo, con papas y judías blancas. Y ahora, para alimentarnos con el calor, sírvanse una sopa fría de hinojo y menta fresca. ¿Será por ideas no?

Lo ideal de estas flores es consumirlas lo más frescas posibles. En el momento en el que la flor va madurando, se irá configurando la semilla y matices más amargos con texturas mucho más rígidas. Ideales en encurtidos, por ejemplo, de las alcaparras de los pobres de las que hicimos referencia al hablar de las capuchinas, pero también en otros como berenjenas, picantes o aceitunas a los que aportará su anisado sabor.

Una vez la flor ha sido fecundada da lugar a la semilla también conocidas como matalauva que muy frecuentemente encontramos en el pan al que da nombre, guisos y en otros dulces como rosquetes o pastas. Lo que recomiendan es mejor machacar y triturar la semillas para mejor aprovechamiento.

El hinojo cuenta con grandes virtudes medicinales. Es rico en fibra, vitaminas y minerales que destacamos el hierro, el calcio y el magnesio. Tanto sus flores como semillas son digestivas, ayudan a paliar los dolores menstruales, regula la presión arterial y las infusiones de sus flores hacer lavados de ojos con conjuntivitis.

Admiramos la belleza y la generosidad de la que nos rodea, ponemos en valor el conocimiento existente para no solo admirarla sino cocinarla y disfrutarla en nuestras mesas. Una semana más ¿flores para qué os quiero? Y es que ¿cómo no os voy a querer?

Laura López Terrón
@Flaura.es

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*"Las flores tienen el poder de despertar, en aquel que las admira, su verdadera naturaleza". E. Tolle

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