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Una "ración" de mercadillos para entender el producto local

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Palpitan desde el inusitado encanto de lo natural y evolucionan como engranajes de impulso comercial en torno a una pieza fundamental, que no romántica: el producto local.

Canalizan, de esta forma, recursos comerciales con géneros locales –y localizables- y cierta materia prima “insólita” que no se va a poder hallar en otros formatos comerciales. Un referente como el mercadillo de Tacoronte dio paso en su día a un sentido de unión del sector primario, que prendió como y que intenta hacerse fuerte en enclaves “nómadas” de personalidad y vitalidad.

Si nos esmeramos en observar las estructuras de mercadillos podríamos sorprendernos de la proliferación de un modelo o formato que se ha consolidado en agrupaciones, asociaciones y colectivos que cuidan una forma de vivir y sentir la agricultura y la naturaleza. En definitiva, salvaguardar también la sostenibilidad ambiental (también económica y social)

Canalizan, de esta forma, recursos comerciales con géneros locales –y localizables- y cierta materia prima “insólita” que no se va a poder hallar en otros formatos comerciales. Un referente como el mercadillo de Tacoronte dio paso en su día a un sentido de unión del sector primario, que prendió como y que intenta hacerse fuerte en enclaves “nómadas” de personalidad y vitalidad.

Muchas mujeres y hombres del campo activaron las huertas de medianías con los frutales. Antes las ciruelas, por ejemplo, no se pagaban nada y los precios ahora permiten que se vuelva a cultivar; esto es muy positivo para el paisaje y para el tejido social de los pueblos en general.

No sólo pensemos en agricultura pura y dura. Los mercadillos también refrescan con su vocación artesanal elaboraciones con ingredientes locales y, por tanto, que forman parte de una forma de entender y de vivir los fogones. Los embutidos propios, las conservas, las líneas reposteras,…

Cualquier opción que concentre muestras del producto primigenio del lugar y que se pueda adquirir para consumo en casa o restauración no es solo bienvenida sino por cuanto interesa desde todos los puntos de vista: inmediatez de obtención, frescura, identidad, cultura gastronómica e, incluso, sostenibilidad del paisaje.

Los mercadillos, pues, son bastiones de la singularidad y la gastronomía de la comarca. Los agricultores han aprendido mucho y se han puesto al día –aunque quede aún mucho por avanzar-. Han espoleado su curiosidad para ofrecer al consumidor algo nuevo y diferente; en definitiva, se ha multiplicado la variedad y la calidad.

Acercamiento, por tanto, a lo que entendemos por “autoabastecimiento”, al menos de viandas que han formado parte de la dieta del canario desde los tiempos ancestrales de los aborígenes. La información proporcionada por las fuentes documentales y la paleocarpología (estudio de semillas) pone de relieve toda una diversidad extraordinaria de especies explotadas con fines alimenticios.

Es el caso de la palmera canaria, los dátiles, la miel, a los que se suman mocanes y bicácaros, además de rizomas de helecho y hasta hongos. Nos encaminamos hacia el Valle de Güímar. Cada domingo, la plaza del ayuntamiento es un hervidero: aquí se pueden hallar productos de la tierra cultivados en el Valle (Güímar-Candelaria-Arafo) y algunos sorprendentes.

Gerd Schlicht, durante años en los puestos de responsabilidad del colectivo, hacía en una ocasión balance desde que se fundó en 2004: "Es muy positivo, ya que empezamos con ocho puestos y ahora somos multitud”. Se da la circunstancia de un “eje” de tres mercados facilita que los agricultores puedan acudir a los tres puntos de la comarca a vender y los clientes también dispongan de diversas opciones y días de compra que beneficia tanto al sector primario como al consumidor".

Hay géneros específicos que son demandados por los cocineros-as para la restauración, así como curiosidades, caso de una flor eléctrica o distintos tipos de ají sudamericano. Otro aspecto es que los turistas curiosean y también entre cultivos "fuera de lo corriente" (carela, pepino amargo, caviar cítrico), que no hay que ceñirse sólo a papas y mojo.

El Palmar, en Buenavista del Norte; San Isidro, Granadilla; San Miguel; Santiago del Teide; La Matanza; Tacoronte; La Guancha, La Orotava o Icod de los Vinos… El de Tegueste puede considerarse modélico en un concepto peculiar de aglutinar los esfuerzos del sector primario de la comarca, así como por el volumen, desde hace años, de actividades específicas (show-coking, talleres, módulos de formación, etc.)

FLOW

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