Un pésimo desayuno de hotel puede abrirnos las puertas del éxito

El desayuno acompaña al primer bostezo del día y por eso tiene que ser bueno. Los hoteles deben cuidar esta expresión del despertar con mayor énfasis aún que el demostrado en la liturgia de la bienvenida. Porque todos, al saltar de la cama, soñamos por un instante con un ambiente refrescante, jovial, agradable y testimonial del lugar en el que pernoctamos. Esa primera colación nos debe aportar la alegría necesaria para afrontar una jornada productiva y expansiva, cuanto más creativa, mejor.

Pero no siempre sucede así en los hoteles. No siempre el desayuno nos despierta, nos reconcilia con el suelo que pisamos, con el aire que respiramos. No siempre nos envuelve una atmósfera de juventud y plenitud que justifique el viaje.

A veces, el desayuno de un hotel es pésimo. En el fondo y en la forma. De abajo arriba. Anodino. Insípido. Grosero. ¿Qué puede tener eso de bueno entonces? Nada… Salvo que seas Pelayo Pérez.

Este ovetense salió huyendo por un pésimo desayuno del hotel neoyorquino en el que se hospedaba y dio con sus huesos en una cafetería regentada por unos mexicanos que elaboraban una granola casera. No conocía qué era eso, pero enseguida comprendió que ese plato de cereales, frutos secos, aceite y miel podía sorprender a los clientes de la pequeña cafetería que tenía en Oviedo. Tras ahondar en los fundamentos genuinamente newyorker de la granola (en Costco las hay de muchas variedades), Pelayo se dispuso a cocinarla y venderla en su establecimiento bajo la marca La Newyorkina. Enseguida le llegó el éxito y una fama que hoy rebasa los límites de Asturias.

A la receta original le ha ido añadiendo otros ingredientes que han acabado creando una variedad de productos sin igual en los estantes de los supermercados y en las cartas de las cafeterías singulares de medio país. Aunque la traca final de su emprendimiento ha llegado con la venta en Internet, que sigue ampliando y mejorando cada día.

En sus declaraciones a los medios, Pelayo Pérez no ahorra elogios a los malos desayunos de hotel. Una espléndida vía para sacar ventajas de la mediocridad y de aprovechar el mal sabor de boca que se nos queda de un hotel así.

PD. Los empresarios que deseen innovar deberían hacerse ya con una guía de mediocres desayunos de hotel. Inspiran como ninguno otro recurso a emprender el camino del éxito.

Permítaseme la broma

Fernando Gallardo

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