The Top Brasserie, Royal River o la estela de los momentos estelares

“Causar una impresión fuerte en el ánimo, generalmente de sorpresa…”. Es la definición de la Real Academia de la Lengua para el término “sobrecogedor”.

Profundo impacto, en definitiva, el que genera la estética nada más traspasar el umbral en la recepción de las Villas del Royal River, en Costa Adeje. Adentrarse en el núcleo central del complejo de lujo, desde el que se puede admirar la vista y cómo serpentea la senda hacia cada precioso hábitat, sirve de exquisito preludio a lo que experimentaremos en The Top Brasserie Terrace. 

Top, entendido como prestancia del restaurante-mirador -por supuesto- y, asimismo, como cima de la espléndida propuesta de Kokoro (cocina asiática), Flamingo (bistro francés) y Pineapple (desayunos y almuerzos).

Abanico de efectos de una carta con atractivos puntos cardinales gustativos ideados por Carlos Cabrera Losada y plasmados por el chef Íñigo Almenara. Tándem éste que ha vuelto a reunirse para ambiciosos propósitos.

Habíamos quedado hipnotizados, en el segundo párrafo, con copa de champán de bienvenida en mano y la gentileza a la hora del relato de esta forma de entender la hotelería y gastronomía. Volumetrías, impecable interiorismo y decoración, así como el tránsito interior, por ejemplo. Este se podrá efectuar desde la 'piscina matriz' a cada Villa, que son medio centenar a modo de coqueta Venecia, en suma.

“Todo ese rigor y detalle, el esfuerzo en la precisión de elementos pensados para agradar en cada estancia y espacios comunes, tiene que estar-debe estar concentrado en cada plato del restaurante gastronómico”, asevera Carlos Cabrera. No es complicado comprender el fundamento que marca el restaurador cuando se prueba la burrata local (conseguida en el mismo Adeje), pesto, anchoa, piñones y tomatitos confit. (Foto de Corviniano Clavijo).

Se procederá a ahumar este conjunto ante el cliente y el resultado se antoja particularmente poderoso: géneros para ‘disfrutones’, acabado magistral desde cocina y sala. Toda la expresividad, también, en un guiño de lo más agradable como la sobrasada ecológica a la brasa acompañada de miel de tedera de Tenerife (una de las galardonadas en certámenes de Canarias).

 

“Estamos realizando un esfuerzo importante en la apuesta por el producto de cercanía en una carta atractiva para los turistas, a los que hay que mimar un montón”, indica Cabrera, haciendo hincapié en que en The Top Brasserie “nos ceñimos al hilo argumental de tres-cuatro ingredientes en cada plato, a lo sumo, y que éstos exhiban una calidad excelente”.

Un servidor se deja ensimismar por la atmósfera del espacio de llamativa fuerza decorativa (por cierto, ¡qué derroche de detalles en los baños!). Todo está en su sitio, nada al azar; me fijo en la estilizada jirafa a la vez que saboreo el rosado Finca Vegas (DO Abona) y el snack consistente en berenjena ahumada, miso y queso curado.

“Procuramos ser muy cuidadosos con las distintas paletas de referencias vitícolas, particularmente las de Canarias, no solo porque son maravillosas sino, en parte, como homenaje a la labor de nuestros viticultores que están produciendo auténtica joyas y que forman parte de nuestra propuesta de media y, sobre todo alta gama”.

Acerca del aperitivo (¡esa sutil berenjena!), el apunte principal es que ofrece un guiño a la tendencia vegana pero con alma. Óptimas expectativas al respecto.

El avezado restaurador explica que “hoy por hoy nos vienen cada vez más clientes que demandan este tipo de preparaciones "healthy" y nos tenemos que poner al día; de hecho, la carta contiene más o menos el 20 por ciento de propuestas vegetarianas que se pueden adaptar a veganas sustituyendo determinados ingredientes”.

La secuencia de un ‘estilista’ con sólida base como es Almenara va a progresar ‘in crescendo’. No está disponible todavía un menú degustación, como tal, y que, sin duda, está en agenda como puede intuirse por este despliegue.

Es que después de la croqueta de jamón con leche de cabra o la tosta de mantequilla de cabra y caviar Oscetra parece inevitable su encaje en el restaurante gastronómico. Por cierto: que no hay que estar alojado para disfrutar de este compendio coquinario.

Aún con el fantástico espumoso rosado de Altos de Trevejos (DO Abona), aparece el primer punto de inflexión, rotundo, con el patudo canario, ajo negro, quinoa y algas (foto de portada). Al margen del flash cromático, los matices sápidos cumplen sutil y perfectamente su misión en boca. El atún rojo se madura en cámara 8 o 9 días y el pescado adquiere una textura más flexible y gelatinosa, además del aumento de potencia en el colorido; posteriormente se pasa a la congelación.

Impactos: otra vez. Sopa de cebolla con espuma de queso de vaca madurado de Finca de Uga de Lanzarote (agasajo sin enrevesamientos); blanco Tagalguén, de la DO La Palma (primorosamente insólito); corvina (la virtud de la cocción exacta), cebolleta, salicornia y un romesco al mojo palmero, agradable y cremoso; arroz de carabinero, pura esencia marina.

La copa de Hiboro Syrah de Tacoronte-Acentejo aguarda con un tanto de ritual. Va a aparecer uno de los imprescindibles: costilla de wagyu, maíz y puré de papa negra con tupinambo. Escribí en un margen de la carta: “el primer ataque en boca ya avanza excepcionalidad”. Sin duda, una sugerencia para la culminación de la línea salada que el motivo cárnico convierte en bocado tan refinado y elocuente. ¡La mano del cocinero!

Cocina de sabor que sí llega. Yo jugueteo aún con la cristalería en la que 'cabrillea' (también en aromas) el Palo Blanco de Envínate, del tinerfeño Roberto Santana. Vamos a recibir esa exuberante fuente de fruta fresca sobre hielo picado. Imponente. Delicioso.

Para cerrar, chocolate, evidente; avellana, plátano, café… Queda luego impregnada esa estela imposible de adjetivar: la de los momentos estelares.

Francisco Belín

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