Snacks y aperitivos: a cuidar la primera impresión que se lleva el comensal

El restaurante que continúa insistiendo con esa ‘credencial’ del birrioso bocado de la casa para empezar el almuerzo o la cena (terrina de margarina y pan insufrible, digamos) está claro que no calibra el mal que significa para su propio potencial gastronómico (y económico). Se tira piedras en su propio tejado, especifica el refranero.

Si antaño era un recurso facilón y admitido, hoy parece más la evidencia de que el restaurador no se molestará para invertir en un cambio nimio pero fundamental. El bocadito de cortesía es una fácil táctica que requiere unas migajas de ingenio y que, de paso, expresará el espíritu gastronómico del establecimiento.

Para un snack o aperitivo para estimular el apetito existen alternativas como gustos existen. Pero en cualquiera caso debe fundamentarse en dos claves: que el inicio no nos arruine el paladar y, evidentemente, que no mitigue la sensación de apetito.

Imaginación al poder. Y buen gusto. Hasta, por admitir, vale una mantequilla casera con hierbas aromáticas o alguna especia que le otorgue gracia, siempre que el pan cumpla. Los chupitos de distintas verduras me ha parecido una fórmula que puede ir muy bien para los prolegómenos de las comidas. Producto local para cremitas de tomates maduros confitados y melocotón salteado, cubierta con virutas de queso canario –se me ocurre-.

Variantes de snacks con sales. Entretienen pero pueden colapsar el paladar. For more in depth information slot spiele kostenlos herunterladen. Un almogrote, aunque esté atemperado, puede ser ejemplo. Rico, sí, pero "peligroso" y difícil de maridar con un vino blanco, diríase. En este caso, la especialidad gomera parece más propia una vez avanzada la comida.

A mí me encanta, he de subrayar, el formato de las crudités, esas hortalizas frescas (otra vez el producto local) cortadas en elegantes filamentos, acompañadas de sus correspondientes salsas tenues para "rebañar". También bastoncitos de batata, fritos, acompañados de un mojo rojo, por ejemplo.

Un simpático ingenio a modo de nigiris, un encebollado, una mini-arepa con el vino blanco, champán o cava, o pedir directamente una tabla de jamón ibérico. Eso sí que no falla jamás de los jamases. Hincharse a pan y margarina, por mucho que nos agrade, pasará factura.

Queso para comenzar, queso para pre-postre o terminar, ese es ya un debate peliagudo.

En definitiva, creo firmemente en esa sorpresa inicial que debe concentrar toda la sensibilidad y maestría de un jefe de cocina y las intenciones del local.

Francisco Belín

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