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Sector vinícola de Canarias, ¿diversificación o especialización?

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La mayoría de las bodegas canarias no representan la principal fuente de ingresos de sus propietarios o socios. Muchos han dado el paso de elaborar vinos como complemento a una actividad principal, que incluso, en ocasiones, no tiene ninguna vinculación con el mismo sector vitivinícola (empresas de construcción, comunicación, transporte, distribución,…).

Una gran parte de empresarios canarios han construido sus bodegas como hobby para la elaboración de vinos ya sea para el autoconsumo o para la venta en establecimientos. También como legado de sus antecesores, quiénes elaboraban vinos en sus propias casas y que ahora se han convertido en auténticas bodegas (y algunas, en eso que llamamos `guachinches´, aunque cada vez son menos los que venden sus propios vinos y terminan comprando litros a terceros).
Sólo muy pocas han podido desarrollar un proyecto capaz de mantener una estructura de costes todo el año, abiertas de cara al público, con venta de sus vinos en la propia bodega o visitas a ésta (enoturismo), exportación a otros países, con comerciales en la calle,...

¿Y esto por qué? La respuesta suele ser la misma; los ingresos no son suficientes para cubrir los gastos. El perfil de nuestras bodegas suelen corresponder a microempresas de carácter familiar con apenas empleados donde predomina el perfil de una persona polivalente capaz de mantener la actividad, elaborar el vino con la ayuda de algún enólogo externo, embotellarlo, comercializarlo, facturarlo, cobrarlo e incluso atreverse a colgar alguna foto en las redes sociales, si todo lo demás le deja algo de tiempo. Y esto sin nombrar el coste de oportunidad que supone esta dedicación plena frente al tiempo en familia, ocio, fines de semana,… Las tierras no entienden de días de fiesta.
También ocurre que muchas bodegas han sido construidas para albergar una capacidad de producción muy superior a la que actualmente tienen (ojalá existiera excedente de uva en Canarias), contando con tecnología y medios que, en muchas ocasiones no se aprovechan.

Pero claro, ya lo dijo Darwin, las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio. En el mundo empresarial ocurre lo mismo. Por las características de nuestro sector vitivinícola es imposible hacer economías de escala, ventaja que adquiere una empresa a un determinado nivel de producción que le permite producir más a un menor coste. Pero, ¿y si aplicáramos economías de alcance?

Algunas ya lo hacen. Y es que pueden potenciar su volumen de producción e ingresos diversificando (estrategias de diversificación) hacia otros productos interrelacionados como pueden ser la elaboración de cervezas artesanas y licores de todo tipo, que en otras regiones ya están aprovechando. Para entender mejor qué es esto de la economía de alcance, me vienen a la cabeza algunos ejemplos cercanos:

- La Bodega Comarcal de Güímar lanzó hace unos meses al mercado un Vermut Rojo realizado en sus mismas instalaciones y aprovechando la fortaleza de su marca ‘Brumas de Ayosa’ para vincularla a este producto que prácticamente ha agotado su producción. Para desarrollar este producto no hizo falta una gran inversión, pues la bodega ya contaba con las suficientes instalaciones, personal y resto de medios necesarios (la lata quizás viene más por los permisos a Hacienda para elaborar alcohol de alta graduación).

- Otra bodega está a punto de sacar a la luz un Vermut Rojo y empezar a experimentar con esta referencia cuyo ingrediente base no deja de ser vino, ocurriendo prácticamente lo mismo que en el caso anterior.

- Desde hace años la Bodega Cumbres de Abona produce y comercializa uno de los mejores Aceites de Oliva Virgen Extra de Canarias bajo la marca ‘Oleoteide’ (¡incluso llegaron a comercializar setas!). En este caso sí que hace falta alguna maquina adicional (almazara) para elaborar el aceite, pero su distribución, red de ventas, su almacenaje,… es el mismo que para el vino.

- En muy pocas semanas una bodega canaria lanzará una línea de cervezas artesanas elaboradas bajo el mismo techo en el que nacen sus vinos, aprovechando muchos de sus recursos.

En definitiva, se trata de obtener mejor rendimiento económico por:
1) El aumento de las relaciones con sus proveedores (por ejemplo, con las imprentas, embalajes, fabricantes de botellas,…).
2) Mayor aprovechamiento de maquinaria (motores de frío que pueden abastecer a varios depósitos, transpaletas, embotelladoras,…).
3) La optimización de los recursos y procesos (el comercial no sólo ofrece vinos, sino también el resto de productos, así como la red de repartos, programa de facturación,…).

Esto podría suponer un incremento de ingresos proporcionalmente superior al que lo harían sus costes, permitiéndole aumentar su rentabilidad y logrando incluso una posible disminución del coste de producción de su línea habitual de productos pues los gastos fijos ahora se repartirían entre más referencias.
Eso sí, esta estrategia no es aplicable de forma inmediata a todas las bodegas. Muchas aún pueden mejorar su papel en el mercado con un correcto plan estratégico en el que se exploten las fortalezas, se aprovechen las oportunidades, se mejoren las debilidades y se sorteen la amenazas (estrategias de especialización).

Edgar Sabina

FLOW
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