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Rosa: la reina de las flores que también son comestibles

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Si hemos de hablar de una flor reina, esta es la rosa. Palabra latina de origen griego que se refiere a su olor agradable. Las rosas pertenecen a la familia Rosaceae como también lo son árboles frutales como el almendro, manzano, cerezo,…

Se contabilizan más de 100 especies silvestres de las que se han derivado e hibridado diferentes nuevas especies, más por su aspecto ornamental que por su carácter comestible. Planta evocadora de la belleza, excesos y extravagancias: si me dan a elegir una de las referencias, en Egipto, Cleopatra mandó llenar los pasillos de la recepción de Marco Antonio con un metro de altura de pétalos de rosas y así entre pétalos caminó hacia ella.

Si nos centramos en lo que se refiere a uso culinario, nos remontamos al Antiguo Oriente a Persia, pero también a India o al Magreb donde todavía hoy continúan muy presentes en la cocina. Una de sus especies más emblemática es la Rosa de Damasco de color pálido y olor intenso, que llegada de Oriente hoy su mayor productor es Bulgaria. Cuenta la leyenda, que un emperador de la antigua Persa en su boda con una princesa, mandó llenar de rosas una las fuentes de agua de su jardín.

Con el calor del sol las rosas fueron desprendiendo sus aceites y, al final del día, el agua había tomado su suavidad y su agradable aroma. Ese agua de rosas hoy lo podemos básicamente con agua caliente sin llegar a hervir, donde reposan los pétalos durante al menos una hora y donde van dejando sus propiedades y características impregnadas. Una vez filtrada ese agua queda lista para aromatizar bizcochos, pasteles… pero también arroces, panes y todo aquello donde le demos cabida.

De las rosas, como ya hemos visto en otras plantas como los tagetes o los cosmos nos comemos también las hojas y brotes más tiernos, los capullos florales antes de que se abran y quizás lo más común sus pétalos. Pétalos que también podemos secar poner en infusiones, unirlo a nuestras mezclas de especias personalizadas, y que por ejemplo ya lleva El-Ras-Hanout y sino también los podemos mezclar con miel como hacen en
Grecia, cristalizar, hacer jaleas, añadir a chocolates, gelatinas, ginebras, vinagres o en los lácteos con los que va muy bien, por ejemplo en mantequillas…

Si nos vamos a la cocina tradicional de Oriente, los pétalos incorporan matices florales y sutiles de sus cocinas en tajines, pescados como el bacalao, carnes como cordero y en una amplia gama de su repostería acompañando frutos secos como las almendras y los pistachos.

En todo este abanico de posibilidades, la elección de la variedad es vital, siendo que, no todas tienen el mismo sabor. La clave está en el aroma que desprende: cuanto más agradable sea el aroma de la flor mejor será el gusto de la misma. Como aviso a los que se atrevan con la preciada flor, sólo se recomienda consumir aquellas rosas que provengan de cultivo ecológico o que conozcamos su modo de cultivo.

No es aconsejable por tanto, consumir rosas provenientes de floristería ya que además de los posibles productos fitosanitarios que les puedan echar, pueden contener otros aditivos en la propia planta para conservarla viva por más tiempo.

No nos queremos olvidar que su “falso fruto” esa especie de pelotita que crece después de la flor, pues también es comestible. Se recomienda esperar a que esté bien roja o anaranjada, retirarle las semillas del interior y utilizarla bien para cocinarla por ejemplo, en mermeladas, jaleas o en seco para infusión.

Esta planta nos cuida por dentro y por fuera. En general son ricas en vitaminas, aminoácidos y aceites esenciales. Se utiliza para el tratamiento de catarros, como antiséptica, para tratar afecciones de la piel, se le reconocen propiedades estimulantes y muchas otras más.

En muchas de las tradiciones de oriente el agua de rosas se ha utilizado para limpiar el cuerpo pero también aquellos lugares más sagrados. Tan innumerables beneficios, usos, posibilidades sin dejar de lado una flor, que en esencia es bella y que nos permite transmitir nuestras emociones tanto en el plato como también fuera de él.

Una semana más,  flores para qué os quiero y es que ¿cómo no os voy a querer?

Feliz Navidad

Laura López

Mi Jardín se Come

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