Que no se pierda el encanto del comensal (Chema Vicente)

Los conozco desde que llegué a la isla, desde mis principios en el restaurante Los Limoneros. Ya eran clientes de años, siempre acompañados de ellos mismos. Él era el que más se hacía notar, el que gastaba la broma a los camareros, ella solo sonreía y se reía de nuestras bromas.

Siempre reservaban la misma mesa, no pedían la carta, se dejaban aconsejar por el maître, todos los camareros pasábamos por su mesa para saludarlos.

Son de esos clientes a los que te gusta servir.

En esos días locos de trabajo, que no das para más y el servicio de restaurante no sale como es debido, jamás les escuche decir: “Qué lenta está la cocina hoy, ¿no hay más camareros?”. Y en esos momentos de agobios y nervios lo agradeces.

Me los he vuelto a encontrar en los restaurantes en los que he trabajado en Santa Cruz, especialmente en El Gusto por el Vino fueron clientes asiduos de los viernes y seguían en la misma tónica: “siempre la misma mesa y sin pedir la carta”.

No sé cómo lo hacen, sin hablar alto, sin hacerse notar, siendo discretos conquistan a todo el personal; a mi compañero Danny solo con ver la reserva se le soltaba una sonrisa pues “sabía que tenía carta libre para explayarse con algún plato especial”. Adrián revisaba la mesa, cambiaba los cubiertos de posición “ya que es zurdo” y no quería que ese detalle pasara desapercibido.

A mí me tocaba la “presión” de escoger el vino para el menú de esa noche y así no tener que escuchar la cantinela irónica “el vino de la semana pasada me gusto más”.

Y por eso desde aquí, que me dan la oportunidad de expresarme, doy gracias a esos clientes que te valoran y te hacen ser mucho más feliz en tu trabajo, mil gracias de cientos de camareros.

Suso, Chivi, Valentín, Mónica, Pedro, Adrián,
Maica, Isabel, Toño, Carlos, Antonio, Chema…

Gracias Lourdes, gracias Api.

Chema Vicente

Wine & Cheese

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