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Lechugas en flor, frescura crocante que abre nuevas posibilidades culinarias

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Esta semana hemos hecho realidad una colaboración con Natalia de Ecoalpispa, mujer emprendedora del mundo rural de Icod de los Vinos, capaz de entender y negociar con seres tan mágicos como las abejas, con las que estoy segura llega a tratos excepcionales. Su proyecto, más que recomendable, cuenta también con una huerta a la que estamos enriqueciendo con flores y aromáticas para que alimenten las abejas y nuestro paladar.

Me permito escribir sobre esta colaboración, con la excusa de traer una curiosidad culinaria, de una planta tan común como la lechuga, con el fin de crear nuevas posibilidades en aquellas cocinas inquietas que buscan siempre esa puesta en valor del producto local de calidad.

Las lechugas sea la variedad, forma, color, sabor o textura que sea, tienen la particularidad que su ciclo es muy corto y que su tendencia es la de “irse en flor”. En la práctica supone que la planta a veces en menos de un mes, echa un tallo de considerable altura en cuya terminación nacen sus flores comestibles con un punto de amargor que normalmente se desestiman para consumo.

El interés culinario de los tallos de lechuga cuando entran en modo floración, lo descubrí siguiendo las referencias de las tendencias de la cocina francesa. Ya no es solo cuestión de, por ejemplo, utilizar las flores comestibles como ingrediente y no como elemento decorativo, de poner en valor el producto de proximidad, de calidad, ecológico, sino también de reinventar la manera de consumirlo.

Así pues, de lechugas que normalmente son desechadas ya que, al entrar en floración, las hojas se vuelven más duras y amargas, pasamos a aprovechar el centro de la planta, quedarnos con las partes más tiernas, cocinarlas al vapor, retirar la película que envuelve al tallo y utilizar el centro de los tallos. Estos “corazones” están llenos de frescura crocante, verde y natural que, muy en el fondo, puede recordar a una lechuga con mucha más intensidad en el paladar que va del dulzor fresco a un punto ligero de amargor.

El aspecto del que se parte y que quiero presentar es un producto sencillo que se muestra desnudo para abrir un nuevo abanico de posibilidades a la hora de cocinar. Tallos de lechuga con queso azul, en tortilla, salteados con ajo y tomate, acompañando manzana asada, nueces y queso… que no está mal para empezar a soñar.

Con ganas de despertar curiosidades, de redescubrir nuestra manera de consumir nuestros vegetales más comunes, especialmente cuando entran en modo floración. Una semana más, ¿flores para qué os quiero? Y es que, ¿cómo no os voy a querer?.

FLOW

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