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“La comida sin pan, ni en el infierno la dan”, como dice el refranero

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Tal como muy bien puede adelantar el título, extraído del refranero popular, en estas líneas se encontrarán rasgos del alimento básico que, por mucho que estemos en la Fase 2 de sucesiva apertura de establecimientos de restauración, sigue teniendo relevancia para la mayoría de los comensales.

Aunque ya se sabe que la cesta para compartir desaparecerá por obvias normas de seguridad, el pan en los restaurantes ya no sólo se ciñe a acompañamiento tal cual sino que en el contexto culinario de hoy se van sumando elaboraciones que captan consumidores proclives a vertientes originales y de calidad.

Ya no sólo que esté bien hecho o las prestaciones (pan calentito, agasajador,…) sino otros ganchos gustativos y saludables buscan los jefes de cocina en fórmulas que sean identificativas de restaurantes que, ya de por sí, defienden filosofías definidas. Pan de potas, higo y anís en infusión, picos blancos y jengibre, ventresca de atún…

Líneas y texturas en las que, en un pasado algo ya lejano, ya se atrevían audaces precursores de la búsqueda de matices. Claro ejemplo, el de Pedro Rodríguez Dios en aquel mítico restaurante El Duende de Jesús González (Puerto de la Cruz). Pan de pescado seco y escamas (con tratamiento previo del propio cocinero), de alga espirulina, hogazas de algas,…

Alexis García y Marlene Hernández trabajan con cocineros-as tinerfeños de renombre en una creatividad de obrador que se deja apreciar en importantes restaurantes de la Isla.

Cualquier variedad de pan que se presente al cliente tendrá una historia detrás (pan de cruz de La Mancha, sobre este párrafo), aunque sean dos las grandes ramas de la elaboración común: bregado, de miga dura, español o candeal; y el pan de flama o miga blanda.

FLOW

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