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Internet del Comportamiento (artículo de Fernando Gallardo)

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*Fernando Gallardo, crítico de hoteles del periódico "El País", escritor y coferenciante continúa con el artículo semanal de su cosecha afín a los complejos hoteleros, el turismo y la gastronomía, en una nueva entrega dentro de "Turismo y futuro". Huleymantel agradece nuevamente al analista (muchas veces en clave futurista) de estos campos este honor para la sección de Opinión del Grupo AtlánticoHoy.

Si algún día aterrizara entre nosotros un extraterrestre estoy seguro del temor que infundiría su sola presencia, salvo que se presentara cortésmente, con mucha empatía y nos dejara ver enseguida su currículo para confesarnos su propósito al visitar este planeta.

El derecho a la privacidad es una opción para los seres humanos, como seguramente también lo sería para los alienígenas. Esgrimirlo en cualquier visita turística intimida a quien acoge... pues no sabe qué es lo que verdaderamente acoge. Renunciar a él puede entrañar algunas desventajas, pero al mismo tiempo otorga otras muchas ventajas que facilitarán la vida de quien no concede especial valor a su propia intimidad. La reputación de una persona se deriva de sus actos conocidos y no conocidos. A cada uno le toca decidir si los segundos infunden sospecha o no, si sostienen una buena reputación o provocan algún tipo de prevención. O prejuicio.

Esto último se revela como un factor importante que condicionará el derecho de privacidad en la próxima década. Los datos personales se pueden proteger mediante una regulación al respecto, como ya sucede en muchos países del mundo. Pero lo que difícilmente se podrán proteger son los prejuicios derivados de los datos no conocidos, es decir, las conjeturas que cualquiera de nosotros puede sacar de otras personas cuyos datos desconocemos por estar protegidos. Acertaremos o no, pero los prejuicios existen. Y cuanta más información se oculte, más prejuicios se derivarán de dicha ocultación.

La inteligencia artificial extraerá del desconocimiento de los datos una información más precisa que la mera conjetura humana. ¿Cómo será esto posible? Si analizamos el funcionamiento de los discos duros en una configuración RAID (Redundant Array of Independent Disks o conjunto redundante de discos independientes) veremos que la fragmentación de los datos puede evitar la pérdida de información si el disco duro sufre una avería. Dicho de otro modo, una batería de discos duros montada con esta configuración tolerante a fallos posibilita una reconstitución de los datos en caso de que uno o más discos se averíen y pierdan toda la información. Del mismo modo, la inteligencia artificial deducirá la información que una persona acogida al derecho de privacidad quiera ocultar. Porque en el curso de la próxima década los expertos prevén que el 40% de las personas en el mundo recibirán mejores servicios y adquirirán unos productos más convenientes gracias a la renuncia de su derecho de privacidad para ser rastreadas digitalmente por una especie de Internet del Comportamiento.

Lo veremos en muchas situaciones vitales, tanto domésticas como profesionales, lúdicas o biomédicas. Y, sobre todo, en esos momentos de ocio que proporciona la industria turística. Abordar un avión dejará de ser la molestia que es hoy al poder ser reconocidos los pasajeros mediante sus datos biométricos. El hotel ofrecerá experiencias hiperpersonalizadas gracias al análisis de los comportamientos individuales de sus huéspedes y gracias a su capacidad de relacionar esos datos con otras actuaciones digitales quizá inconexas, como la compra de un billete de tren o avión. El despliegue de la tecnología móvil 5G culminará en el denominado Internet de las Cosas donde la conexión e interacción entre los objetos, y entre éstos y las personas, terminará configurando el antes citado Internet del Comportamiento.

A tenor de un estudio publicado en la revista PNAS sabemos hoy que las grandes distribuidoras son capaces de predecir con exactitud la recaudación de determinadas películas en taquilla, las cifras de ventas de videojuegos en sus primeros días de estreno y las listas de éxitos musicales en zonas geográficas diferenciadas. Más de la mitad de los encuestados en otro estudio de Mediapost, concretamente el 57,4%, confía en la gestión de sus datos por parte de las plataformas de cine, música y videojuegos. Cerca de un 30% incluso matiza que nunca ha tenido un problema con la utilización de sus datos. Más de un 18% de los encuestados dio su consentimiento para recibir información. Y un 9,5% dice fiarse completamente de las plataformas porque recibe de ellas un servicio totalmente ajustado a sus gustos. Aunque hoy todavía cuatro de cada 10 encuestados desconfían de ellas por no conocer bien la finalidad del tratamiento de sus datos personales.

En conclusión, una de cada tres personas está a favor de ceder sus datos siempre que no sean sensibles y que les beneficie en algo. Otro tercio prefiere no recibir comunicaciones o promociones si para ello es necesario facilitar referencias personales. Un 16,5% está de acuerdo si es para participar en concursos o recibir descuentos. Y, finalmente, otro 14,6% desea recibir comunicaciones personalizadas con productos o servicios de interés para ellos.

Es previsible que en una sociedad digital los ciudadanos estén expuestos a este Internet conductual más o menos ajustado a las normas culturales y legales del momento. ¿Qué sucederá en sociedades menos abiertas y con mayores exigencias en la protección de los datos personales? Es altamente probable que la inteligencia artificial los interprete e introduzca con las debidas garantías en el sistema de gestión del Internet del Comportamiento.

Fernando Gallardo

FLOW
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