HEINEKEN

Iniciativas legales para quedarse de plástico (Fernando Gallardo)

SERVICIO_WHATSAPP

*Fernando Gallardo, crítico de hoteles del periódico "El País", escritor y coferenciante continúa con el artículo semanal de su cosecha afín a los complejos hoteleros, el turismo y la gastronomía, en una nueva entrega dentro de "Turismo y futuro". Huleymantel agradece nuevamente al analista (muchas veces en clave futurista) de estos campos este honor para la sección de Opinión del Grupo AtlánticoHoy.

Los frasquitos de gel y champú en los hoteles están llamados a desaparecer porque contaminan los mares con sus residuos de plástico. Tan alarmante es la contaminación de estas esquirlas microplásticas que un senador de Nueva York, Todd Kaminsky, cree llegado el momento de prohibir estos envases de plástico a todos los hoteles de la ciudad. Los denominados amenities serían sustituidos por dispensadores montados en la pared, botellas más grandes y de uso múltiple que la experiencia de varios hoteles en España ha demostrado siguen siendo de un solo uso… pues la gente se los lleva en la maleta con más fruición, ahora que son de mayor tamaño.

El bienintencionado senador neoyorquino alerta de que solo la industria turística de la ciudad tira a la basura 27 millones de botellitas de plástico. Y defiende su postura, avalada por la Asociación de Hoteles de la ciudad de Nueva York (HANYC), con un argumento contundente: «Al impedir que los hoteles den artículos de tocador de plástico de un solo uso a los clientes, estamos salvaguardando nuestro medio ambiente y mitigando los desechos plásticos y la contaminación de las vías fluviales».
Arne Sorenson, CEO de la hotelera Marriott, quiere secundarlo en la iniciativa. «Nuestros huéspedes esperan que hagamos cambios que aporten una mejora significativa para el medio ambiente sin sacrificar la calidad y la experiencia que persiguen en nuestros hoteles». Más de 800 millones de kilos de plástico procedentes de 1.000 hoteles norteamericanos con la marca Marriott van a los vertederos cada año.

Si la demanda de plásticos sigue su trayectoria actual, el volumen mundial de desechos plásticos pasaría de 260 millones de toneladas por año en 2016 a 460 millones de toneladas por año en 2030, agravando lo que ya es un grave problema ambiental, concluye un informe de McKinsey. La cantidad mundial de plástico en el océano podría casi duplicarse a 250 millones de toneladas métricas para 2025. O una tonelada de plástico por cada tres toneladas de pescado. En este estudio se ha encontrado que más del 80% del plástico oceánico proviene de fuentes terrestres y no de fuentes oceánicas como la pesca y los buques pesqueros. De ese porcentaje, tres cuartas partes provienen de residuos no recogidos, y el resto de fugas del propio sistema de gestión de residuos. Más de la mitad del plástico que se filtra al océano proviene de cinco países: China, Filipinas, Indonesia, Tailandia y Vietnam.

¿Qué puede hacer la industria hotelera occidental para evitar estas filtraciones tan perjudiciales si resulta que los potitos de aseo no figuran en la lista de los principales agentes contaminantes? Por las mismas cabría preguntarse: si el crecimiento demográfico del planeta sigue su curva ascendente y los actuales 7.760 millones de personas pasaran a ser 12.000 millones a finales de este siglo, agravando los problemas ambientales que hoy padecemos los que no estamos por venir, ¿habría que prohibir el nacimiento de más seres humanos, como podría deducirse de la iniciativa senatorial? ¿Es necesario prohibir los plásticos en los hoteles?.

La respuesta debe ser contundentemente no. El plástico ha sido uno de los materiales más transformadores de nuestra existencia. Llenan nuestra vida de confort y resultan más prácticos que ningún otro material en nuestra existencia doméstica. Sus ventajas son extraordinarias. Los plásticos poseen una baja densidad, son extremadamente ligeros. También se pueden manipular de forma sencilla, lo que permite crear elementos muy complejos sin gastar excesiva energía ni recursos. Son moldeables. No corrosivos. Resistentes a los ataques de agentes químicos. Aislantes eléctricos, pues la corriente no se conduce a través de ellos. Y aislantes térmicos, aunque se dañan si se los expone a temperaturas elevadas. A su resistencia se añade su enorme versatilidad y amplio radio de uso, utilizables en todos los ámbitos, desde la agricultura a la construcción de viviendas, desde los automóviles a las bicicletas, desde la higiene personal al quirófano.

¿De verdad queremos renunciar a todo ello? También, claro está, debemos considerar sus desventajas. Los plásticos ocupan mucho espacio. Y éste se incrementa conforme asciende el nivel de vida de las personas. Conforme aumenta la carga demográfica del planeta, convendría añadir. Algunos plásticos tardan cientos de años en desaparecer, más que los huesos humanos. No son combinables, por lo que la opción de mezclar plásticos siempre genera un plástico de baja calidad. Y, hoy por hoy, su reciclaje es caro. Aunque el informe antes citado de McKinsey asegura que actualmente solo el 12% de los residuos plásticos se reutilizan y que el 50% podrían ser reutilizados o reciclados para el año 2030, en cuyo caso se podría generar un beneficio económico de hasta 60.000 millones de dólares para el sector petroquímico y de los plásticos, que representa casi dos tercios del crecimiento factible en los beneficios compartidos durante ese período.

La producción de plásticos requiere una inversión de capital considerable. En pura lógica, la reutilización de los plásticos no sólo reduciría estas necesidades de inversión, sino que también podría contribuir a reducir las emisiones totales de carbono industrial. Sin embargo, las imágenes de los residuos plásticos han contribuido a una reacción de los consumidores que urgen la prohibición o restricción de su uso en numerosos países, especialmente en la Unión Europea. La contaminación de los plásticos marinos ha sido, sin duda, una fuerza poderosa para movilizar a la opinión pública.

Así que ahora debemos ponernos serios. ¿Debe el teclado con el que estoy escribiendo estas líneas aparecer necesariamente en el fondo del mar? ¿Me entretengo en llevar a la playa los potitos cosméticos del cuarto de baño que me acogió en el hotel de ayer? ¿Soy un cochino cuando me sueno la nariz con una toallita de trenzado plástico en vez de dejar los mocos pegados a un pañuelo de seda en el bolsillo, como antaño? ¿Es realmente higiénico el uso múltiple de todos los objetos que forman parte de nuestra vida cotidiana?.

Estas preguntas me las hago cada vez que entro en un edificio. Sí, estimado fumador que tiras la colilla en el mismo umbral por el que todos solemos pasar. Tú sabes a qué me refiero. ¿Debemos esperar a que un senador estadounidense o un diputado español presente una moción de ley para prohibir el papel de celulosa simplemente porque es el material del que está compuesta la pava de tu cigarro? ¿Acaso no sería más pertinente abstenerse de arrojar papeles al suelo? ¿O plásticos al mar?
Habrá quien esgrima que los fumadores se ven en la necesidad de desprenderse gentilmente de sus residuos porque no les colocan un cenicero en el umbral del edificio en el que se reúnen desde que está prohibido fumar en los sitios públicos. Me recuerda mucho, décadas ha, a las quejas de quienes exigían escupideras en el metro cuando en España se prohibió escupir en la vía pública, como tiempo después secundó China para su exhibición olímpica de Pekín. Las escupideras fueron desapareciendo porque los propios escupidores sintieron asco de ver acumulados tantos gargajos en los basales.

¿No podría suceder lo mismo con los plásticos en el mar? A fe mía que el problema no son los plásticos, sino los marranos que los echan al oleaje o los retuercen por el sumidero del inodoro. Y también el de activistas medioambientales o políticos de bien que deciden cortar el queque por lo sano. Al citado Kaminsky habría que recordarle que en la ciudad de la que es senador es costumbre inveterada tirar cocodrilos por el váter. ¿Exterminamos entonces a los saurópsidos o educamos a la población para que no los eche al retrete?.

Sí, me gustaría vivir en un mundo sin microplásticos en los océanos, ni colillas en los portales, ni arcosaurios en las alcantarillas.

Fernando Gallardo

FLOW
CARTANET
No existen comentarios

Publicar un comentario