Hoteles y oficinas vacíos después de la pandemia (Fernando Gallardo)

Si bien el fin de la pandemia no parece tan cercano como a todos nos gustaría, cabe convencerse de que ya falta menos para que ello suceda. Durante este año largo se nos han ido acelerando los cambios en casi todos los órdenes de nuestra existencia. Nada que no estuviera previsto de antemano (salvo el cisne negro sanitario), pero sí a una velocidad aún mayor que la prevista en los primeros días del estado de alarma.

Habíamos anticipado que la digitalización era una necesidad inexcusable para las empresas y los ciudadanos, subvertidos en sus sistemas de vida por la comunicación entre ellos. La tecnología es el hilo conector de las personas, pues el hecho tecnológico en sí proviene de la necesidad de comunicación.

Habíamos anticipado una tendencia hacia la híper personalización de los productos y servicios turísticos como consecuencia de la rápida evolución de las redes sociales y de la necesidad humana de compartir conocimientos, lo que obligaría a un despliegue acelerado de la tecnología de detección y reconocimiento de clientes a pesar de las limitantes condiciones impuestas por la legislación europea en materia de protección de datos, que ha causado un enorme daño a los ciudadanos del continente, frente a la estrategia de control sanitario seguida por los países asiáticos en los albores de la pandemia.

Habíamos anticipado igualmente el auge de la inteligencia artificial que terminaría automatizando todos aquellos procesos rutinarios en la medida de sus costes. Incluso que los empleos más cualificados serían los más factibles de sustituir, dado que las ocupaciones manuales (sí, las que requieren manos operativas, un mecanismo todavía demasiado complejo de emular por un mecanismo mioeléctrico de sensores, actuadores y sus aplicaciones neuroprotésicas o los interfaces cerebro-máquina requeridos para realizar funciones mecánicas) adolecen de una lentitud todavía inoperante en su desarrollo.

Y también habíamos anticipado una transformación del escenario laboral, no solamente por la automatización del trabajo, sino por el empoderamiento de los individuos en el metaverso digital, que acabaría revirtiendo el actual mercado laboral de asalariados y funcionarios en un mercado dominado principalmente por los trabajadores autónomos. Lo anticipamos en este documento elaborado de modo colaborativo durante las primeras semanas de la pandemia en la red Renacer del Turismo: Oportunidades del Teletrabajo para Empresas Turísticas.

¿Qué efectos de todo lo anteriormente expuesto vislumbramos en la pospandemia de 2023 y 2024? Más precisamente: ¿qué sucederá en nuestras ciudades con todos los edificios de oficinas y hoteles vacíos? Porque parece claro que muchas empresas reducirán sus espacios de oficinas ante el despegue del trabajo en remoto. Las cifras hoy empiezan a ser dramáticas. El 26% del parque de oficinas en Sevilla y su área metropolitana está vacío. El 14,5% del total en Zaragoza. Barcelona y Madrid podrían registrar mermas aún superiores, donde incluso en algunos sectores la caída supera el 50%.

Según la consultora internacional Knight Frank, el 40% de las empresas europeas necesitará menos espacio de oficinas tras el coronavirus. En Nueva York, la situación empeora cada día: la contratación de oficinas cayó en 2020 un 58% con respecto al año anterior: 382.760 metros cuadrados. Nada menos que 241.000 neoyorquinos han salido de la ciudad para trabajar en remoto.

En Canarias, el turismo se ha beneficiado mucho con este fenómeno. Se calcula que al menos 30.000 extranjeros han aterrizado en el archipiélago para teletrabajar, según cifras de la consejería de Turismo.

Desde Madrid a Nueva York, pasando por Londres, Berlín o Singapur, los agentes inmobiliarios están analizando cómo reconvertir todo este ingente parque corporativo. Una de las soluciones más consensuadas pasa por transformar estos mastodónticos edificios de cristal en inmuebles residenciales, de manera que sus inquilinos podrían disfrutar de más luz y espacio para trabajar a distancia. No digamos cuánta satisfacción produciría entre los vecinos de los centros históricos europeos, condenados a vivir en la penumbra de las viviendas interiores con espacios mínimos heredados de la fragmentación de antiguas corralas o mansiones burguesas transmitidas de padres a hijos.

Del mismo modo que los barrios fabriles fueron reconvertidos en modernos lofts llenos de ingenio, luz y buen diseño, las oficinas de nuestra época postindustrial llegarían a adquirir la misma utilidad convivencial que los antiguos talleres y naves de la época industrial.

¿Y qué hacer, pues, con los hoteles que no volverán a abrir, bien por la quiebra de sus operadores, bien porque su producto se ha quedado desfasado o porque la zona que antes resultaba atractiva hoy se ha quedado sin interés para el turismo?

Sin duda, como apuntábamos en el documento antes citado [Oportunidades del Teletrabajo para Empresas Turísticas], estos edificios pueden transformarse en centros de trabajo en remoto porque sus zonas comunes los hacen idóneos para la práctica del coworking (trabajo en espacios compartidos) y del coliving (teletrabajo con espacios para seguir intercambiando experiencias vitales, como una sala de cine, una biblioteca, una sala de juegos, un gimnasio, un restaurante divertido…).

De los siete hoteles que la firma inmobiliaria Marcus & Millichap representa en Nueva York, tres se transformarán en viviendas para personas mayores, uno irá destinado a apartamentos turísticos y el resto seguirá como hotel. Es solo un ejemplo de hacia adónde se orienta el futuro en la capital más compleja del mundo.

Sin ir más lejos, Nacho Rodríguez promueve lo mismo en las islas Canarias a través de su red Repeople de trabajadores en remoto. Existen hoy más de 50 de estos espacios turísticos en el archipiélago, no solo para empresas que necesitan reducir sus espacios de oficinas, sino para aquellos trabajadores en busca de un espacio individual sin el aislamiento o las incomodidades que pueden representar el trabajo en casa. Y es que la práctica del teletrabajo en un hotel canario añade al atractivo del clima y el disfrute del mar los servicios imprescindibles de los hoteles urbanos.

Véase de muestra esta agenda de 24 horas teletrabajando en Gran Canaria.

La nueva disrupción ya avisa de cómo será la pospandemia. Las oficinas (muchas oficinas) se reconvertirán en viviendas. Las viviendas (muchas viviendas) se habilitarán como apartamentos turísticos en sustitución de hoteles. Mientras que los hoteles (muchos hoteles) se transformarán en oficinas para acoger a los teletrabajadores que no pueden trabajar en casa o que prefieren darle a la tecla desde una hamaca de playa.

Fernando Gallardo

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