Historias de un camarero: observar no es escuchar (Chema Vicente)

Y tú Chema, en todos los años que llevas en la hostelería tienes que haber visto y escuchado muchas cosas.

La verdad que nada tiene que ver con la realidad. Escuchar no escucho. Y si alguna vez “VI” algo ya no me acuerdo. Lo que no puedo es dejar de observar: es como leer un libro, una cosa es lo que lees y otra lo que tu procesador te trasmite al cerebro.

Observar no es escuchar. Observar es interpretar algo sin voz y el Inconsciente te lo pasa a su manera más o menos como a él le gustaría que sea o fuera.

Suelo observar la inocencia de los niños; “hacen cosas sin importarles lo que piensan los demás. Lo mismo, aunque de otra manera lo hacen los mayores“. Supongo que llegado a cierta edad dejas de pensar lo que dices y dices lo que piensas.

Me gusta observar la Felicidad, la inocencia, las risas, las miradas limpias, la paciencia tan escasa en estos tiempos.

Entre los clientes que vienen con regularidad es asidua María, una señora de edad sexagenaria. Acompañada casi siempre de sus hijos y su marido. Se nota que es una mujer culta, con carácter “brava, peleona, enérgica”… En el tú a tú no es fácil de llevar.
Toda esta energía o “bravura “ deja de serlo con su marido: se trasforma en dulzura y ternura, le cambia hasta su tono de voz .

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También les puedo hablar de un padre y una hija. Ellos trabajan juntos en la empresa familiar. Algunas veces les veo venir calle abajo y no sé quién va más orgulloso, si el padre al caminar al lado de su hija o la hija con su padre…

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Lo mismo pasa cuando Nicolás viene con su hijo a comer. El hijo hace preguntas y el padre le da respuestas; él sigue preguntando y el padre le sigue trasmitiendo su sabiduría. Es un toma y daca, como si el hijo quisiera absorber toda la sabiduría del padre... ¡Les juro que no escucho eh! Es lo que interpreto.

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También Begoña la “ verdadera “ que todas las mañana viene a desayunar con las amigas, todas están alrededor de ella. No sé de qué hablan pero tengo claro que ella trasmite energía a todas las demás.

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Los padres que vienen con sus hijos, la niña con síndrome de Down. La niña es un “trastillo” no para de moverse en toda la comida: primero come uno y se van turnado con la niña para que el otro también pueda comer . Ahora sí que les escucho, “sin que ellos hablen”, sus caras de complicidad.

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Cuando me reserva Silvia para sus padres y me repite: Chema Chema que es para mis padres, más o menos me está diciendo trátalos bien, es lo que más quiero.

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Doña Rosa que me llama y al hacer la reserva me dice: Chema esta vez voy con otros sobrinos. Ella, súper orgullosa de ir a comer con sus sobrinos, un día me dijo: Chema este es sobrino-nieto.

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Don Juan que me llamó y me dijo: a este hijo me lo atiendes como al otro “porque un día no pude reservarle mesa“.

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Qué “necesidad “ tenemos los camareros de escuchar si es mucho más interesante interpretar.

Chema Vicente

Wine & Cheese Bar

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