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Flores que aparecen de forma frecuente en nuestra dieta

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Si hay algo que no podemos evitar cada semana es en pensar en las múltiples posibilidades en las que podemos comer flores. Esta semana nos proponemos mirar con otros ojos a las flores que comemos de manera habitual casi sin darnos cuenta, como ocurre, por ejemplo, cuando consumimos algunas variedades de coles.

Las coles son una de las primeras familia de plantas que fue cultivada por el hombre ya en la prehistoria y de la que, hoy en día, existen cientos de variedades que se cultivan por todo el mundo. Muchas de las coles, como por ejemplo, la col lombarda, coliflor, el brócoli o las coles de bruselas además de ser en si una flor, son flores que después de un año de crecimiento, la planta echa sus racimos florales compuestos por decenas de flores blancas o amarillas cuyo fin es la producción de semillas pero que son más que interesantes para degustar.

Dentro de la misma familia, nos encontramos también con kales, rabanitos, rúculas (imagen de portada), mostazas, nabos y un sin fin de plantas muy presentes en nuestra dieta pertenecen a la misma familia. Sin entrar en sus ciclos, una vez inicia la floración, además de convertirse en un festín para las abejas, las prolíficas flores tienen un punto de sabor muy interesante para nosotros. El gusto dulce inicial, que pasa por un punto que se reconoce como azufrado y que pasa a picante punzante en el paladar en un segundo momento. Las variedades más silvestres, como ocurre en algún tipo de rúcula, dejan al final un regusto ligeramente amargo.

Partiendo de la más típica y resultona posibilidad de servirnos de los diferentes tipos de flores en ensalada, éstas pueden integrarse fácilmente en crepes, tortillas, quesos carnes y pescados. François Chartier, en su libro la cocina aromática nos recuerda que las coles comparten la misma base aromática que las trufas, de ahí que mariden tan bien. Un plato típico y delicioso de tierras Gallegas son los grelos (nabos en flor) que acompañan el cocido de carne, o en el Bierzo el botillo con cachelos. Y si queremos transgredir límites, siempre podemos sumar las flores a otros sabores como el chocolate, el café, los frutos secos, o sabores del mar como los crustáceos o las algas nori.

Grelos

Las coles son muy ricas en fibras lo que las hacen idóneas para las personas que hacen régimen, pero también, son una fuente importante de vitamina C y de minerales como el calcio, hierro y magnesio. De hecho, contienen por ejemplo, más calcio asimilable que la propia leche.

En pocas líneas no se pueden llegar a resumir la cantidad de matices que la multitud de variedades de coles nos pueden despertar en el paladar. No obstante, sirva este momento como precedente para abrir boca en las posibilidades culinarias y en nuestra dieta que, literalmente que, nos cuidan en salud.

Diversidad de flores y colores de una verdura presente en nuestro día a día y que en sus flores nos ofrece todo su potencial. Una semana más ¿flores para qué os quiero? Y es que ¿cómo no os voy a querer?.

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