Flores en confitura, jalea, tartas… el saúco, fuente de inspiración

Cualquier escusa resulta buena para hablar de flores y, más si es para servirnos de la oportunidad de mostrar un proyecto natural, artesanal y hechos con mucho mimo.
Esta semana nos hemos encontrado con Mita, una mujer de Garachico que, a raíz de una enfermedad, decidió darle un cambio en su vida para ponerse en acción. Buscó en ella qué podía hacer y puso en valor su pasión por las plantas para acercarlas de manera amorosa a las personas.

Desde esta necesidad, desde el recuerdo de sus mayores recomendando siempre usar jabón lagarto y de la memoria de sus ancestros cuando querían dulcificar algo al decir, al “amorosar”, nació “jabones amorosos”. Jabones sólidos que te obligan a acariciar y abrazar tu cuerpo mientras que dedicas un tiempo para ti durante la ducha.

Sus jabones se nutren de plantas certificadas ecológicas, aceites esenciales y de bases tan simples como el aceite de oliva, coco y almendra. El resto de ingredientes forman parte del camino: encuentros, cosecha de plantas y flores de la estación… y un sin fin de posibilidades. Cada jabón es una pieza única y una oportunidad para utilizar en cada momento un producto diferente según necesidad.

Mita también es una apasionada por las flores. Uno de sus jabones preferidos es el jabón hecho a la base de flor de saúco. Un jabón antioxidante, antiséptico y antiinflamatorio que mientras cuida la piel, ayuda a mitigar las manchas que salen a causa de la exposición solar.

El saúco es un árbol del que se utilizan su corteza, sus hojas, flores y frutos bien maduros. Hipócrates en el S. IV AC ya hace referencia en sus escritos a sus utilidades medicinales. En la medicina tradicional, se la reconoce como un árbol panacea o cúralo todo. Y no es para menos: entre sus virtudes destaca las propiedades sudoríficas, antitusivas, antisépticas y antiinflamatorias de las flores. Los frutos son depurativos y laxantes; y la corteza es un excelente antireumático.

Las posibilidades de usos y aplicaciones son infinitas. Y de nuevo, nos encontramos con un producto que, además de cuidar nuestra salud, nos está alimentando de manera deliciosa.
Las flores tienen un aroma cítrico y avainillado. Su sabor es delicado, nos puede recordar al de parchita y en boca, cuenta con matices acres.

Las flores se pueden consumir en infusión, pero también hacer macerados en aceite, vinagre, vino o en leche. Flores en tempura o fermentadas como en el conocido “champanet”. Flores en confitura, jalea, tartas… Y por su puesto, combinaciones con carnes como la de cordero, cerdo y por qué no con el salmón, con frutos rojos, manzanas, papayas y por supuesto aromáticas varias.

En Europa son muy conocidas los “pie” de los frutos del saúco. Tartaletas, mermeladas, jaleas, siropes… y un sinfín de posibilidades.

Lo que es muy importante señalar es que sus tallos tienen un cierto poder laxativo por lo que es mejor retirarlo a la hora de utilizarlo. Esto implica una cierta paciencia para separar las flores o frutos del tallo que las lleva. En la isla de Tenerife, la isla de la eterna primavera, los árboles florecen todo el año. Si no se desean consumir en fresco, siempre pueden secar las flores para dar con posterioridad diferentes usos.

Una semana más, es todo un privilegio compartir las posibilidades culinarias de flores y frutos que de manera natural crecen en la Isla de Tenerife, una semana más, ¿flores para qué os quiero? Y es que ¿cómo no os voy a querer?

*"Las flores contienen el polen, la energía y la magia que lleva nuestra vida a otro nivel: ser semilla"

Laura López Terrón

@flaura.es

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