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Flor de la pasión: pistilos que crujen en la boca en una explosión de frescura

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Tratamos en estas líneas una flor que se convierte en toda una experiencia sensorial, no sólo por lo excepcional de su consumo, sino también por su llamativa belleza. Traemos hoy a la estas líneas la flor de la pasión.

De las más de 400 variedades existentes, no todas son comestibles. En la isla de Tenerife, las especies que podemos encontrar más frecuentemente son Passiflora Ligularis o granadilla; P. alata o estrella roja; P. quadrangularis o parchita gigante, P. mollissima o Curuba y P. Edulis. En general se habla de su fruto, del maracuyá y de la parchita de modo más genérico y a nivel mundial su denominación depende de la región y de su origen.

Oriunda del continente americano los indígenas les mostraron las virtudes de esta planta a los colonos españoles. Flor muy utilizada por las diferentes civilizaciones americanas de la que consta que también se utilizaba en sus rituales. A partir del S XV se extendió por Europa y hoy en día encontramos su cultivo en todas las zonas cálidas del mundo.

Volvamos a la flor que nos ocupa que, además de su belleza, su historia no tiene desperdicio. Su nombre viene de las misiones de evangelización que llevaron a cabo en sus tiempos los Jesuitas para mostrales el poder de su dios representada en la flor de “la Pasión de nuestro Señor”. Según los misioneros:

-Los diez pétalos que protegen la flor representarían los 10 apóstoles que estuvieron presentes en la crucifixión de Cristo;

-Los filamentos de la flor representan la corona de espinas que portaba;

-Los cinco estambres representan los cinco estigmas que le infligieron;

-Los tres pistilos representan los tres clavos con los que clavaron a Jesús en la cruz.

Más allá de la hilada historia, lo más curioso es que cada una de las partes de la flor se comporta como un diferente bocado con texturas, sabores e intensidades diferentes. Su aroma es ligero y muy familiar al del fruto. Sabores de los diez pétalos acidulentos con matices picantes; las texturas filamentosas y sorprendentes en la boca que terminan por amargar un poco el paladar; los cinco estambres y de sabor delicado a caramelo, carnosos y al comerlos se queda su polen dulce en la boca que nos recuerda a los chuches de la infancia. Por último, los tres pistilos crujen en la boca en una explosión de frescura y dulzura en la boca.

Si pasamos a utilizar la flor completa, puede ser confitada y utilizada para decorar tartas. Cocinada, lo ideal es un infusionada de un par de minutos en el que además de la flor, aprovechamos el jugo restante. Dada su intensidad, no se necesitan más de cuatro flores y siempre podemos utilizar una última para decorar con las diferentes partes. Combinaciones con el hinojo, el café, la remolacha amarilla pueden sorprender además de las hierbas aromáticas más frescas o también otros frutos ácidos, leche, huevos y pescados.

No se nos pueden escapar sus propiedades medicinales, tanto las hojas como las flores se han utilizado desde antaño como calmantes y sedativas. Se utiliza para tratar, entre otros, problemas de insomnio y gastrointensinales.

Una flor que esperamos despierte curiosidades y nuevas pasiones de las que seguro se sorprenderá a quienes la pruebe.

Una semana más, ¿flores para qué os quiero? Y es que ¿cómo no os voy a querer?

Laura López Terrón
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"Las flores tienen el poder de despertar, en aquel que las admira, su verdadera naturaleza". E. Tolle
www.mijardinsecome.com

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