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Flor de la calabaza, fuente de vitaminas y otros nutrientes

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En su sección ya habitual de comienzo de semana, la experta en flores comestibles Laura López Terrón nos presenta una especie espectacular y con resultados excepcionales en la cocina. ¡Pasen y vean!

Si hay una flor por excelencia que se consume como hortaliza esa es la de la calabaza, la flor de calabacín, la flor de bubango (cucurbitáceas)… pero también son comestibles las flores del pepino, del melón, de la sandía…

En cada una de ellas encontraremos y jugaremos con esos matices que nos recordarán al fruto específico de la especie. A nivel nutricional tienen mucho que decir ya que son una fuente importante de Vitaminas A y C, entre otras, además de ser especialmente ricas en calcio, potasio, fósforo y magnesio.

Si empezábamos hablando de flores por excelencia, la del calabacín serpiente Trichosanthes cucumerina es una de las flores más singulares que podemos encontrar dentro de la familia y con un "diseño" muy especial. Su fruto es muy común en la cocina asiática. Pero su flor, es una de las más bonitas y admiradas de la Finca de Gracia. Diseñada para atraer a los lepidópteros nocturnos, produce un embaucador aroma afrutado que se proyecta de sus blancos y filamentados pétalos. Esta flor, tan delicada, dura solo un día y su belleza es digna de admirar.

Para que se hagan una idea existen más de 800 especies dentro de la familia, entre las que encontramos sabores dulces y ricos hasta los frutos en verde más amargos que existen en la naturaleza.

Familia oriunda de América que después de la llegada a América por los españoles, no tardó más de 50 años en dar la vuelta al mundo y expandirse por los cinco continentes. Los Incas y los Aztecas ya la cultivaban asociada junto con el millo y las habichuelas. (Foto sobre este párrafo, flor de calabacín serpiente).

Estamos hablando de una hortaliza cuya flor femenina (foto de portada) crece independiente de la flor masculina (imagen bajo este párrafo). Así que es necesaria la colaboración de otras especies para conseguir el intercambio de información que de lugar a su fin. Para ello, el diseño juega un papel decisivo: una gran campana de  paredes rugosas, donde las abejas están obligadas a bañarse y rozarse con el polen de la flor para conseguir su néctar y en consecuencia, que la flor logre su preciado fruto.

Así pues, esas flores masculinas, que ya ha cumplido su fin, nos las podemos llevar a la mesa. Los italianos y los portugueses fueron los primeros en cocinarlas en tempura. Cierto es, que las posibilidades son múltiples y la opción de rellenarla es una de las más sensacionales. Acuérdense de retirar el estambre de la flor por su amargor y porque puede generar una reacción de alergia.

La flor del calabacín rellena y en tempura es uno de los habituales en la carta de Casa Ángel en la  Orotava, cuyo cocinero Adrian Bruins ya desde hace muchos años en la isla trabaja y pone en valor los productos de la agricultura ecológica y de proximidad.

 

¿Flores para qué os quiero? Y es que ¿Cómo no os voy a querer? (foto, flor de melón).

Laura López Terrón 

Mi Jardín se Come (Finca de Gracia, Tacoronte)

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