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Fibras: mucho más que simples apuntes teóricos

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El doctor Burkitt se dio cuenta en 1969 que los africanos comían grandes cantidades de fibra en los cereales, legumbres y vegetales de raíz, en relación directa con muchos menos casos de cáncer de colon y rectal que los constatados en los países occidentales.

Claro está que los alimentos ricos en fibra suelen coincidir con los menos apetecibles en muchas dietas en las que se hace uso de géneros, digamos, más de “entullo”.

Los denominadores comunes de tantas dietas de occidente, según la elaboración y basada en muchos alimentos preparados, proporciona una media de... 11 a 12 gramos de fibra al día, cuando los especialistas estiman que lo ideal y beneficioso no debe bajar de 20 gramos e, incluso, alcanzar los 35 gramos. Los alimentos ricos en ella aportarán beneficios contrastados que ayudarán a regular el metabolismo y a reconducir todo exceso de comidas muy elaboradas y generalmente ricas en grasas.

Investigadores comprobaron que la fibra ayudaba a contrarrestar trastornos tales como las hemorroides, los cálculos biliares, el síndrome de colon irritable e, incluso, enfermedades cardíacas. Asimismo, la lista se amplió a un verdadero listado de beneficios a granel: evitar el estreñimiento, reducir el colesterol, ayudar a perder peso, prevenir y tratar la diverticulitis y controlar los niveles de azúcar. Ahí es nada.

Eso sí, no tiene razón de ser consumir un poco de fibra para pincelar un almuerzo o una cena desastrosa. Es como si pretendiéramos beneficiar con fibra consumiendo unas judías verdes, como muestra, después de un atracón de chocolate.

Pensemos, en cualquier caso, que la fibra soluble forma una especie de gel protector en el tracto gastrointestinal. Los cereales son paladines en estas lides, digamos esos denominados "all bran", que contienen nada menos que unos 15 gramos por cada 28 gramos.

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