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España, país más competitivo del mundo en turismo

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*Fernando Gallardo, crítico de hoteles del periódico "El País", escritor y coferenciante continúa con el artículo semanal de su cosecha afín a los complejos hoteleros, el turismo y la gastronomía, en una nueva entrega dentro de "Turismo y futuro". Huleymantel agradece nuevamente al analista (muchas veces en clave futurista) de estos campos este honor para la sección de Opinión del Grupo AtlánticoHoy.

España revalida este 2019 su liderazgo mundial en competitividad turística. La clasificación anual del World Economic Forum no sufre apenas alteraciones con respecto al año pasado, salvo en el intercambio de posiciones entre el Reino Unido y los Estados Unidos como resultado de la incertidumbre provocada por el Brexit. El ritmo incesante de crecimiento en la llegada de turistas internacionales, junto al esfuerzo común de desestacionalización y descentralización turística, se unen a las fortalezas que lleva mostrando el turismo español desde hace más de 50 años.

Sin embargo, cabe observar un acortamiento en la distancia que España mantiene con sus inmediatos perseguidores en el ránking de la competitividad turística mundial. Si en 2018 España encabezaba la tabla con un índice global de 5,43 puntos, seguido de Francia (5,32), Alemania (5,28) y Japón (5,26), en esta edición las cuatro primeras posiciones aparecen casi empatadas con 5,4 puntos. Todos estos países han aumentado sus valoraciones, pero España menos que los demás. En cuanto a los pilares sobre los que se sostiene el índice de competitividad, tomaremos como referencia el índice de competitividad global que esta misma institución publicó en Davos en 2018.

España no destaca ni por asomo en el entorno propicio para los negocios, como sí Hong Kong y Singapur, que encabezan esta lista. Concretamente ocupa el lugar 63º del mundo, por detrás de países como Cabo Verde, Montenegro, Portugal, Ghana, Namibia, Chile o Botswana. Y, lo peor, pierde posiciones con respecto a ejercicios pasados. Sin duda, aquí tiene España su flanco más débil y que deberían corregir de inmediato los gobiernos futuros, empezando por activar con urgencia la Administración digital y facilitar a los inversores la creación de empresas en ventanillas online y en menos de una hora.

En el pilar de la seguridad, España mejora su posición al alcanzar el lugar 16º con una nota que podría colocarla pronto en el Top 10 mundial, donde ya están Portugal y Omán, entre otros. Finlandia se erige en el país más seguro del mundo.

En salud e higiene, España lideraba el año pasado la clasificación mundial de competitividad. Pero este año se ha desplomado a la posición 32º, probablemente debido a una dejadez en la limpieza de las ciudades y las playas, y no tanto en una merma de su sistema de seguridad social y la dieta mediterránea que sigue escrupulosamente. Recordemos que España encabeza el ránking de países más saludables del mundo.

En el pilar de los recursos humanos de nuevo hay que buscar a España en el puesto 41º, muy lejos de la primera posición que ocupa Estados Unidos. La calidad del trabajo humano debe ser puesta en cuestión por las empresas y las instituciones públicas. Al menos para comprobar que estos malos resultados no se debe a un proceso acelerado de sustitución robótica, pues aún no podemos afirmar que España es un país adelantado en inteligencia artificial.

En adaptación tecnológica, España se encuentra en la posición 27ª. Demasiado alejada de Hong Kong, que lidera el ránking. Probablemente esta valoración no toma en suficiente consideración al sector turístico, más avanzado que otros en la implementación de soluciones tecnológicas que, sin embargo, no se diseñan en el país.

En priorización del turismo sobre cualquier otro sector económico, España escala hasta la posición 8ª, solo superada por países de menor entidad cuyas modestas economías sobreviven gracias al monocultivo del turismo. Entre las naciones grandes, España estaría liderando la lista por el impacto del 11-12% que el turismo ejerce sobre otras actividades económicas (un 15% si se toman en consideración los efectos inducidos de segundo y tercer nivel).

La apertura internacional de España, séptimo pilar de competitividad, se valora en el lugar 43º, por debajo de la mayoría de naciones de su entorno europeo y mucho más por debajo de naciones americanas que sitúan su referente en el liberalismo estadounidense. Si las relaciones exteriores son las que son en la primera potencia competitiva del mundo, imaginémonos hasta dónde se podría llegar con un poco más de apertura política, diplomática, cultural y económica internacional.

En competitividad por precio, España figura en el puesto 101º mundial. Pero es cierto que los países que presiden la tabla, empezando por la República de Irán, son escasamente competitivos en todo lo demás. En el entorno turístico, España solo debería vigilar la evolución tarifaria de Turquía, Portugal, Croacia, Serbia y China. Poco más.

España se adjudica el 25º lugar del pilar de sostenibilidad. No está mal habida cuenta de que sus grandes competidores turísticos, salvo Francia y Alemania, se encuentran muy por debajo en esta valoración. Cabe esperar, no obstante, un esfuerzo mayor en la próxima década, donde el factor sostenible se convertirá en un requerimiento imprescindible de los nuevos flujos turísticos en el mundo.

En calidad y dotación de infraestructuras, España es la décima potencia mundial. Octava, si tenemos en cuenta que Hong Kong y Singapur son ciudades que no deben gestionar demasiadas infraestructuras interurbanas. El ránking está presidido por Canadá, cuyo nivel de infraestructuras es más que dudoso si hacemos extensivo el criterio a todo el país y no solamente a las ciudades más pobladas. No parece significativo que la escasa red viaria de Saskatchewan se asemeje a la española. Ni que los trenes de Australia, Estados Unidos, Noruega, Países Bajos y Reino Unido puedan compararse en velocidad con el AVE hispánico.Lo mismo se puede decir del pilar 12, infraestructuras portuarias. Duodécimo lugar, décimo si no contamos las ciudades-estado antes citadas.

Las infraestructuras puramente turísticas son excepcionales en España, en el podio mundial de la competitividad después de Austria y Portugal, que encabeza la tabla. Los empresarios españoles harían bien en fijarse en sus vecinos, cuya meticulosidad, constancia y humildad en el desarrollo de sus proyectos ha significado un despegue sin igual en la economía turística. No cabe duda de que el éxito turístico de España le ha servido a Portugal para prosperar, del mismo modo que el éxito turístico de Portugal en los últimos años debe servir de estímulo y orientación a las empresas españolas para ganar más valor en competitividad.

Pilar 13: recursos naturales. Quizá por atesorar numerosos espacios vírgenes, España se incluye en el Top 10 mundial de la especialidad. Pero para ganar espacio a Francia e Italia, aún queda mucho camino por recorrer en la protección y gestión de espacios naturales. No basta con estampar una firma en el decreto pertinente. Este país debe asumir como un valor turístico irrenunciable la gestión de sus espacios naturales. Y endurecer las leyes penales contra los incendiarios o los maltratadores de la naturaleza. En recursos culturales, 14º pilar de la competitividad, España ocupa el podio mundial con derecho propio, tras Francia y China. Más no se puede hacer en este pilar. Y si se puede hacer más, apenas se notará en la clasificación del rubro. Italia, con una historia cultural aún más esplendorosa está por debajo.

En resumidas cuentas, España es la primera potencia turística mundial por ser una nación hospitalaria, saludable, bien estructurada y altamente competitiva. De cara al futuro, sin embargo, deberá progresar y mucho en generar un entorno más propicio que el actual para los negocios, incrementar la calidad de su gobernanza, flexibilizar su mercado laboral con el foco puesto en una mejor capacitación profesional, cultivar mejor las relaciones internacionales, afianzar su estatus diplomático. Y, sobre todo, afrontar con valentía, decisión y recursos la transformación digital de las empresas, la Administración pública y la ciudadanía. La España turística somos todos.

Fernando Gallardo

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