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El mágico mundo de las elaboraciones vitícolas desde diferentes prismas

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Siempre se nos puede abrir, si nos lo proponemos, una nueva dimensión en torno a este producto mágico. Hoy en día no nos conformamos con disfrutarlo a través de los sentidos habituales de manera organoléptica o realizando quizá una ruta enoturística para deleitarnos con el poder visual de los grandes viñedos. Queremos profundizar.

Queremos más, efectivamente, y por ello reflexionamos... ¿y si el vino es tan saludable por dentro, porqué no lo va hacer por fuera? Aquí es donde nace la Vinoterapia, concretamente en Francia (Burdeos), como también allí se elaboran los grandes vinos.
Capaz de rejuvenecer, exfoliar e hidratar la piel, entre otras cualidades antioxidantes que posee la uva y el vino. Hablamos del resveratrol, compuesto del famoso polifenol que nos ayuda a cuidarnos por fuera mediante geles, aceites y cremas, utilizados en baños relajantes y masajes terapéuticos.

Hacen que nuestra piel luzca viva y desprenda salud. Un ejemplo más de que la uva y el vino no solo sirve para mirarlo, olerlo o tomarlo sino que nos puede otorgar beneficios por fuera de una manera diferente a la convencional.

El cosmos y el viñedo natural. Otra visión. Al igual que el hombre desde hace millones de años, otros seres vivos han tenido una relación mágica a distancia con el universo, en este caso con los cambios lunares, y no es baladí en el caso de la viña.

Según Maria Thun, investigadora alemana, los viñedos son capaces de ajustar sus procesos vegetativos con los ciclos lunares, con lo que esto supone de sintonía directa a larga distancia para la preparación de las fases de la viña, como el brote, la floración o la maduración.

Incluso, dentro de la misma bodega y en los diferentes procesos de la elaboración del vino, se da la opción a la denominada agricultura biodinámica, una alternativa que hoy en día tiene seguidores y detractores.

Buscar la excelencia nos hace movernos, encontrar nuevas fuentes de innovación; unas de forma tecnológica y otras ancestrales. Lo que sí está claro es que un viñedo es algo casi místico, como los son las estrellas o el cosmos, pudiéndolo disfrutar en estado líquido. ¡Y cuanto más natural, mucho mejor!

Literatura líquida mediante la vid, el vino y buena copa. No es de extrañar que nuestros vinos y los vinos en general estén inmersos en los textos literarios más profundos y personales de los mejores escritores de cada época.

Que sean motivo de máxima inspiración para crear verdaderas joyas literarias; entre los autores universales destacan Shakespeare, en su obra Enrique IV, donde podemos leer y sacar en conclusión que el vino no solo se comporta como un producto de satisfacción, sino en un símbolo cultural palpable en aquel tiempo.

Qué decir del famoso “Canary Wine”, en boca de todos como mejor vino social de antaño: fabulosos malvasía que a nadie dejaba sin sorprender. Muchas obras literarias lo nombran y no es para menos, pues hoy en día de aquel legado tenemos malvasías “de libro”.

Malvasías que merecen una nota de cata escrita al máximo nivel de concentración y descripción, brindándonos complejidades tan diversas que únicamente podemos recordar plasmándolas como antiguamente lo hacían los grandes escritores.

Vino y tecnología, tándem infalible. Hace ya varios años el vino ha tomado una dirección más que coherente para formalizarse como la bebida que conocemos hoy en día, capaz de muchas horas de alegrías y conversación.

Uno de los factores de que esto ocurra es la tecnología, tanto en el campo como en la bodega, capaz de controlar el estrés hídrico de la vid en la naturaleza y de articular soluciones de vinificación dentro de los enclaves donde se elabora el vino. Un ejemplo claro, la micro-oxigenación.

Sin duda, una herramienta de eficacia palpable, que ha hecho que los vinos de hoy en día tengan mucha mayor amplitud y recorrido a lo largo de su vida, y eso se nota con elixires más amables, menos sulfurosos, de mayor capacidad sensorial, más limpios…
No confundan vinos tecnológicos o artificiales con lo que les comento, porque hay diferencia notable entre utilizar la tecnología para sacar el máximo rendimiento a una identidad, personalidad y calidad en la variedad de uva a utilizarla para enmascarar defectos en vinos sin alma.

Vino es esto, que no es poco. Al que le encanta el vino es por eso: se puede escrutar, oler y saborear; cada detalle de este apasionante líquido de colores, aromas y matices en boca tan diversos como adjetivos se le puedan atribuir.

Quedan ahí latentes en la memoria las vendimias con los abuelos, en el lagar pisando la uva y con el mosto a punto para las barricas, todo de forma tradicional, transparente y sin secretos.

Era VINO, con mayúsculas. Se valora una botella del elixir como nexo de una buena conversación. De ver, oler y saborear se trata: el vino a través de una copa. Desde los rojos picota hasta los teja o esos blancos pajizos a los increíbles dorados.

Curiosa la evolución de un “ser vivo” líquido, que muestra facetas a lo largo de su vida, como si reflejara el rostro de una persona.

¿Aromas? Dependiendo de la variedad de uva y suelo, advertimos fruta de bosque (mora) tan característico; o, más complejo, el mineral (pizarra). El abanico es amplio en cada golpe de aspiración y debemos dejar que nos cuente por sí solo.

En boca, punto final a un festival visual y aromático, traducido en sabores: seco, semi-dulce y otras variantes. Fresco, cálido, potente, sabroso o aterciopelado: para todo público y que podrá gustar más o menos, pero siempre con una identidad en cada sorbo.

Todo este compendio invita a querer más de él y da certeza de la capacidad de hacernos sentir y disfrutar. Para aprender de vinos, como los libros en una biblioteca, una Vinoteca nos permite estudiar, aprender y repasar todo acerca de este mundo.

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