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Dalia, sugerente armonía entre matices dulces, salados y amargos

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*Reiterando mi más sentido agradecimiento por la posibilidad de compartir este final del 2019, espero aportar un poco más de saberes y sabores a quienes la curiosidad les lleve a este mundo de las flores comestibles.

Para todos, mis mayores deseos de florecimiento y de nuevas semillas para el 2020.

Laura López Terrón

El año se acaba e inevitablemente una ha de echar la vista atrás para pesar y sopesar los pasos dados en el año que termina. Y para la que escribe, agradecimiento es la palabra que predomina en cada uno de los capítulos que por mi mente repaso. No sólo por todo lo vivido, sino sobretodo por las personas encontradas y con las que he compartido el camino.

En el lenguaje de las flores, de todas ellas en general, nos podemos servir para regalar y expresar nuestras más sentidas emociones, pero las Dalias (Dahlia sp) son las flores por excelencia para transmitir nuestros mejores sentimientos de agradecimiento.

No hay mejor flor pues para mi, para cerrar el año, una flor que, por naturaleza es bella, de la misma familia que los girasoles, los cosmos y la flor eléctrica entre otras de las que ya hemos hablado, que cuenta con más de 42 especies y muchas otras de las hibridaciones que se van creando.

Y sí, sus flores son comestibles, pero también sus hojas y sus raíces. Es más, en su origen, allá por esas tierras mexicana civilizaciones como las Aztecas las cultivaban antes de la llegada de los españoles tanto por su belleza como por sus aplicaciones. No obstante, cuando la planta fue traída a Europa, desestimaron su uso alimentario y se dedicaron a cultivar sus flores. Aún así, es considerada una planta de cultivo hortícola y no solamente ornamental.

Una flor compuesta que entra por los ojos con gran cantidad y forma de los pétalos, a veces de un sólo color y otras veces con varios colores. El sabor de la flor de dalias varía según la especie, como ocurre por regla general en otras flores, los colores más suaves se corresponden con sabores ligeros y los rojos nos van aportar un ligero amargor dada su mayor concentración en taninos. Su aroma floral perfumado se convierte en una delicia.

En boca, la textura delicada de sus pétalos desprenden todo su jugo floral al morderlos liberando sabores entre dulces, ácidos y también amargos. Nos la podemos comer cruda, cocinada, deshidratada, sola o aportando color y sabor a cualquier tipo de receta, ya que combina tanto en platos dulces como salados: mantequillas, chocolates, sopas, ensaladas, helados...

Aunque sus hojas son comestibles, no se utilizan demasiado. Más interesantes son los tubérculos, a la hora de cocinarlos, se recomienda retirar la piel ya que esta capa fibrosa protectora. En los tubérculos aparecen también los matices terrosos que nos pueden recordad a la zanahoria, la remolacha o el apio.

Los colonos, además de traerse sus semillas para cultivar las dalias por su belleza, se sirvieron del conocimiento ancestral quienes las utilizaban para tratar diversos problemas de salud. Los tubérculos son ricos en fibras, inhiben el desarrollo de bacterias en el organismo y sus raíces pueden ser consumidas por diabeticos ya que ayuda a regular el nivel de glucosa en sangre.

En México, se le considera la flor del país por decreto. El día 4 de agosto se celebra el Día Nacional le la Dalia además, existen asociaciones que se dedican a promulgar sus bondades y la verdad que no es para menos. Una vez más, la naturaleza nos muestra no sólo la belleza, sino también sus múltiples posibilidades tanto a nivel culinario como para la salud.

FLOW

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