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Apuntes atrayentes desde el Lago Baikal (Rusia)

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Anil Partap (Gran Canaria) envía, in situ, una descripción de la zona del Lago Baikal, el mayor lago de agua dulce del planeta, dentro del periplo que un grupo de canarios está realizando por diversas zonas de Rusia y con la gastronomía local, en cada caso, como leitmotiv de la experiencia.

Se llega con el mítico ferrocarril Transiberiano –comenta Partap-, que conecta Moscú con las principales localidades de la más grande de las regiones que conforman la actual Rusia: Siberia.

De esa forma, la visita a este entorno lacustre adquiere una dimensión de aventura, de auténtica esencia viajera, una experiencia impagable en estos tiempos en que impera la inmediatez y la obsesiva programación de las rutas turísticas convencionales.
De hecho, al Baikal conviene venir con vocación de pionero, con espíritu abierto y afán de sorpresa.

El ser vivo más importante para la conservación de la riqueza biológica y la pureza de las aguas del lago es el epishura, un crustáceo diminuto de apenas 2 milímetros de largo que se concentra aquí en niveles sorprendentes: se calcula que en un metro cúbico de agua del Baikal pueden habitar hasta tres millones de estos animales, que cumplen una fundamental labor de filtrado del líquido elemento.

Anil Partap, conocedor de muchas culturas gastronómicas a lo largo y ancho del mundo, explica que el lago, al que casi habría que considerar un mar interior, es también el hábitat de una especie endémica de esturión, así como del curiosísimo pez golomjanka, de aspecto casi transparente. Y sus orillas, flanqueadas en muchas ocasiones por espesos bosques de coníferas, son refugio habitual de osos y venados.

Las cifras sobrecogen a quienes se acercan a este remoto rincón de la Siberia rusa: la superficie del Baikal alcanza los 636 kilómetros de largo, con una anchura de entre 29 y 80 kilómetros, es decir, casi 31.500 kilómetros cuadrados. A eso hay que sumar 2.100 kilómetros de orillas y un volumen estimado de agua que supera los 23.600 kilómetros cúbicos.
Fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en el año 1996.

Experiencias para el verano, claro está, pues en la isla, como en el resto del lago y su entorno, las temperaturas invernales son realmente extremas y suelen bajar de los 40 grados bajo cero. Aunque, quizás por eso, el lago Baikal es uno de los espacios naturales más vírgenes, ricos y diversos del planeta.

Siberia es sinónimo de remoto y recóndito. Uno de los lugares con más largas y difíciles conexiones con el resto del planeta. Eso explica que las infraestructuras turísticas aún estén en fase embrionaria, con restaurantes y hoteles discretos y prestaciones bastante básicas.

Entre los mejores alojamientos de la zona está el Legend of Baikal(www.legend-of-baikal.ru/en), evocador nombre para un hotel de decoración clásica, incluso básica, pero que, sin duda, resulta bastante confortable.

Anil Partap

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